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miércoles, 24 de junio de 2020

Del top de Romina Malaspina y otras cosas

La incorporación de Romina Malaspina al equipo de Canal 26 suscitó opiniones divididas. 
Tampoco es que la decisión haya desentonado con la elección de Sol Pérez como conductora de la misma señal. Sin embargo, lo que terminó por desatar la polémica fue el top que poco dejó a la imaginación que lució la joven compañera de Diego Codini.

En su Instagram, Malaspina es muy activa y deja ver que no le importa para nada lo que opinen de ella. Además, afirmó que sus colegas respetan sus decisiones de vestuario y la tratan como a una hija. 

Este episodio me resulta llamativo por varias razones: por un lado, muchos pusieron en duda su formación académica, que por lo que ella mismo aclaró, sólo estudió locución. 
Por otro, está la dicotomía entre si es apropiado el uso de esa ropa para conducir un programa de noticias que requiere cierta formalidad (por ejemplo, a la hora de hablar de los muertos por coronavirus), y la muy conocida frase de que "la mujer es libre de ponerse lo que quiere", por la que abogaron varios usuarios para defenderla en su red social. 
Así, entre todos se sacaron los ojos virtuales por un rato. 

Pero me quiero detener en esa última frase.

¿Somos libres de ponernos lo que queremos?

Desde muy chica recuerdo ir con mi mamá a la retacería de Burzaco en busca de la tela para mi próxima remera, buzo, vestido o pantalón. Si había algo parecido a la libertad de elección, era eso: decirle a mi mamá lo que quería y cómo lo quería. 
Sí, una genia Lidi, en dos minutos te hacía una campera de polar.

Sin embargo, ir a comprar ropa con ella no era tan divertido, (Perdón ma!). Cuando mirábamos las vidrieras se frustraba por lo caras que estaban prendas que no lo valían. La frase que más repetía era "esto es una cachada, mejor te lo coso yo".
Así que muchas (muchas) veces volvíamos sin comprar nada. 

Cuando llegó la época en la que todas mis compañeras del colegio empezaron a ir a bailar supongo que habré sido un poco el bicho raro, digo supongo, porque si así fue, nunca me enteré ni me afectó. La verdad es que jamás me pareció llamativo ir a un boliche. Se ve que tampoco me importaba mucho pertenecer, porque cuando contaban de sus hazañas de emborracharse, o de las cosas que hubieran preferido no hacer en ese estado, yo me sentía privilegiada de poder prescindir de esa clase de reconocimiento de grupo.

Menciono esto, porque cuando iba a comprar ropa en ese tiempo, había una sección de tops y polleras que claramente no usaría para estar en mi casa, o ir al super, o al cumpleaños de mi sobrinita. Me refiero a la sección de prendas minúsculas por las cuales piden precios irracionales. Pero como están vendiendo "libertad" y "diversión", las madres de esas adolescentes que quieren ser amigas de sus hijas lo pagan, y la nena se va feliz con la falda ajustada e incómoda que la hará pertenecer al mundo de luces de colores. 

Entonces... ¿cuánto de verdad tiene la expresión de que la mujer es libre de ponerse lo que quiere?

¿Es libre realmente? 

Si desde sus doce años aprende que para entrar a un boliche hay cierta vestimenta que tiene que usar, aunque sea invierno y se esté congelando, y le hacen creer que cuánto más muestre más dueña es de su cuerpo, es por lo menos, dudoso.

Yo que soy madre de dos nenas, les enseño que nadie tiene que ver ni tocar sus partes íntimas. Pero imagino que cuando sean grandes el mensaje que van a recibir de esta sociedad es que cuánto más revelen de sus cuerpos, más libertad van a aparentar. Porque parece que la mujer que no siente vergüenza de mostrar sus tetas o su cola tiene mayor autoestima. ¿Será así?  

No sé en que momento esa niña crece y se convierte en la mujer que cree que sus partes ya no son tan privadas, pero queda claro que las mujeres son bombardeadas constantemente con un mensaje machista disfrazado de revolución. 

Todos los días vemos a las mismas actrices e "influencers" que critican el lugar que ocupó la mujer en los medios por mucho tiempo perpetuar la cosificación de la mujer: todas en la misma pose prefabricada y semidesnudas. 

Si las revoluciones cambian los paradigmas...¿por qué siguen haciendo lo mismo? 

Lo único que cambiaron es el discurso: "ahora lo muestro porque soy súper fuerte". La verdad es que si fueran súper fuertes deberían mostrar sus ideas, no sus tetas. Porque sí, por mucho que se esfuercen en negarlo, saben que lo que sigue vendiendo es el sexo. Y de algo hay que vivir, ¿no?

Nuestras jóvenes necesitan saber que las batallas ideológicas se ganan con ideas no con pezones.

El exhibicionismo nunca fue sinónimo de libertad, por el contrario, cuando algo tiene mucho valor uno lo cuida y lo guarda de los ojos extraños. 

En conclusión, si la ropa  que elegimos es la que alguien antes eligió y decidió poner a la venta, no se cuán libres somos de vestirnos como queramos. Estamos eligiendo sobre la decisión de otro sobre lo que es usable y lo que no. 

Por otro lado, somos libres de vestirnos como nos plazca, pero tampoco hay que pecar de ingenuos. 

Así como no visitamos a un familiar enfermo en el hospital en bikini, o vamos a trabajar en pantuflas (salvo en pandemia y desde casa), nuestra vestimenta habla de quienes somos, y dentro de ese contexto, somos libres de pensar si lo que nos ponemos representa la forma en que queremos darnos a conocer.









2 comentarios:

Unknown dijo...

como te ven te tratan... sostengo que si tenes cerebro, no tenes por que mostrar tu cuerpo... nada más funcional al "patriarcado" que las mismas mujeres que se autoproclaman libres, bailando para Tinelli y los miles de viejos verdes - y no tan viejos- que las miran regodeándose.

Verónica Del Vecchio dijo...

Totalmente, si hay algo que le conviene al patriarcado es la mujer que sigue hipersexualizandose para el resto.