
Los medios de comunicación fueron objeto, desde su comienzos, de diversas críticas en torno a su capacidad de manipular a sus destinatarios. Se cuestionaba si en verdad ese carácter virósico de propagar información incidía directamente en la opinión pública, o si, por el contrario, ampliaba el espectro hacia una sociedad más democrática. En el contexto de una sociedad globalizada el panorama se vuelve un tanto más difuso, el avance tecnológico que se vivió desde fines de los `90 dio paso a una interconexión entre publicidad, información y cultura de masas regida por la lógica del mercado: "la comunicación se caracteriza por ser veloz, abundante y por ser una mercancía", explicaba en 1999 Ignacio Ramonet, director del diario francés El Lemonde Diplomatique. Desde esta premisa, no sorprende que los dueños de los medios no pertenezcan al rubro periodístico, sino que sean empresarios con acciones en otros negocios.
En nuestro país, por nombrar algunos ejemplos, Cristóbal López del grupo Manzano tiene negocios en el juego, Daniel Vilas es abogado de profesión y Héctor Magnetto, director del grupo Clarín, es contador público.
Las cosas así, se complica pensar en un panorama de democratización de medios, y si bien la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual vino a suplir en parte esa necesidad de un avance hacia la desconcentración de actores en los mass media, hoy quedan ciertas sombras de duda en cuánto a la aplicación de la ley 26. 522 aprobada en el año 2009. Quizás, el artículo 161, (que obligaba a adecuarse a estos grandes grupos y reducir la cantidad de licencias a 24), haya sido el más difundido, sobretodo porque sacó a la escena del debate público la disputa entre el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner y el grupo Clarín. Pero esto no debería ser el único aspecto sobre la puesta en marcha de la ley. El caso del Canal Mapuche de Bariloche, que desde el “7D” sigue a la espera de inversiones para comenzar, nos muestra una realidad un poco distinta.
¿Es cierto que los medios alternativos encuentran su voz en este nuevo panorama? Esta pregunta deberia ser una invitación a reflexionar desde diferentes puntos de vista, sin partidismos políticos. Porque si no somos capaces de pararnos en la vereda ajena, podemos caer en conformarnos con lo que nos muestran, y creer que entendemos lo que pasa sólo porque lo podemos ver, pero como explica Ramonet, “la dificultad es que ver no es comprender". Hay un recorte de la mirada, hay intereses en juego. Será que resulta fácil acostumbrarse al avance lento sobre la realidad, a creer que "se puede vivir sin pensar", como expresaba uno de los protagonistas de Casa Tomada, el cuento de Julio Cortázar. En el relato ficticio, Irene y su hermano se ven obligados a replegarse en su propia casa por la invasión de gente extraña. Finalmente, deben abandonar su hogar sin ofrecer resistencia y tiran la llave de la puerta por una alcantarilla. Me pregunto, ¿qué barreras colocamos ante lo que se nos presenta como un hecho dado?
Los espectadores deberíamos recordar que tenemos en nuestras manos la llave, que seguimos siendo los dueños de lo que queremos ver, pero recordando que existe una estrategia detrás, en la que se busca aumentar el número de consumidores. Sin embargo, no todo está perdido. Es cierto que hay grandes grupos económicos, pero como ciudadanos tenemos la opción de exigir que se cumplan leyes aprobadas por nuestros gobernantes, de no acostumbrarnos a ser solo receptores, y a no dejarnos enceguecer por actos políticos. No deberíamos replegarnos, ni ceder lo que conseguimos.
¿Es cierto que los medios alternativos encuentran su voz en este nuevo panorama? Esta pregunta deberia ser una invitación a reflexionar desde diferentes puntos de vista, sin partidismos políticos. Porque si no somos capaces de pararnos en la vereda ajena, podemos caer en conformarnos con lo que nos muestran, y creer que entendemos lo que pasa sólo porque lo podemos ver, pero como explica Ramonet, “la dificultad es que ver no es comprender". Hay un recorte de la mirada, hay intereses en juego. Será que resulta fácil acostumbrarse al avance lento sobre la realidad, a creer que "se puede vivir sin pensar", como expresaba uno de los protagonistas de Casa Tomada, el cuento de Julio Cortázar. En el relato ficticio, Irene y su hermano se ven obligados a replegarse en su propia casa por la invasión de gente extraña. Finalmente, deben abandonar su hogar sin ofrecer resistencia y tiran la llave de la puerta por una alcantarilla. Me pregunto, ¿qué barreras colocamos ante lo que se nos presenta como un hecho dado?
Los espectadores deberíamos recordar que tenemos en nuestras manos la llave, que seguimos siendo los dueños de lo que queremos ver, pero recordando que existe una estrategia detrás, en la que se busca aumentar el número de consumidores. Sin embargo, no todo está perdido. Es cierto que hay grandes grupos económicos, pero como ciudadanos tenemos la opción de exigir que se cumplan leyes aprobadas por nuestros gobernantes, de no acostumbrarnos a ser solo receptores, y a no dejarnos enceguecer por actos políticos. No deberíamos replegarnos, ni ceder lo que conseguimos.
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