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lunes, 19 de noviembre de 2012

Reflejos de una antigua Berlín



La capital alemana fue ícono del período de la Guerra Fría, era la prueba más tangible de esa fuerte división ideológica entre los bloques occidental-capitalista, liderado por Estados Unidos, y el oriental-comunista, liderado por la Unión Soviética, desde 1945 (el fin de la Segunda Guerra Mundial) hasta el final de la URSS (con la caída del muro en 1989 y el golpe de Estado en 1991). Fue una disputa en todos los campos que nunca tuvo acciones directas. Se limitó a actuar desde ejes de influencia en el contexto internacional y cooperación económica y militar por parte de los aliados de cada bando. Hay algunas diferencias respecto de cuándo comenzó realmente esta guerra ideológica, algunos lo atribuyen a 1917, momento de la revolución bolchevique que veía en el capitalismo la raíz de todos los males. Sin embargo, durante el transcurso de la segunda guerra mundial, las sospechas de que los Estados Unidos planeaban un plan para que Rusia firmara un tratado de paz en su beneficio, minaron las relaciones de los aliados.
En este contexto Berlín vivió un bloqueo de un año, que comenzó en 1948 por parte del Ejército Rojo y tenía como objetivo la rendición de la parte occidental de Berlín. Los aliados para demostrar su fuerza llevaron a cabo el famoso “puente aéreo”, en el que con 900 vuelos por día abastecían con más de nueve mil toneladas por día a los casi dos millones de habitantes de la Berlín occidental. Este golpe se valió de propagandas estadounidenses para demostrar que el bloqueo de la URSS era inútil, y llevó a la impopularidad de la Unión Soviética entre la población de Berlín Occidental, y el posterior levantamiento del bloqueo en 1949.
Yendo un poco más atrás, Alemania, después de 1945 tuvo que adoptar una postura más humilde, distinta al de ese gran imperio que se expandió por toda Europa. La nueva fachada del congreso alemán en Berlín, con vidrios transparentes da cuenta de eso: ahora se sabe lo que pasa adentro. La capital germana hoy es una ciudad cosmopolita, en la que se funden lo viejo y lo nuevo. Aunque, para encontrar ese pasado, uno debe mirar profundamente más allá de las grandes cadenas de hoteles y restaurantes, la  impresionante terminal de trenes y el merchandising, que va desde pins de osos berlineses hasta pasaportes falsos.
La Alemania soviética, si se puede decir así, se encuentra en la zona de los grafitis en las paredes. Casi anecdótico, se extiende un breve tramo del muro de Berlín, en la “East Side Gallery” sobre la Mühlenstraße, en la ribera del río Spree. Diferentes artistas de distintas nacionalidades expresaron ahí lo que significó la separación de occidente con oriente. Se lee una leyenda: Du hast gelernt was freiheit heisst und das vergiss nie mehr. Aprendiste lo que significa la libertad y el nunca olvidar. Solo queda una galería artística como huella de ese muro que recorría 45 kilómetros, y  que supo alejar al fascismo occidental del comunismo oriental.
Resulta emblema y contradicción recorrer Berlín. Las calles no hablan de esa guerra, ni de la fría ni de la caliente, salvo por los museos judíos, o la topografía del terror donde se relata en paneles ploteados lo que fue “la solución” de Hitler.
Se respira silencio, el mismo que se siente ante el monumento al holocausto, situado en la misma manzana de la Puerta de Brandenburgo y al costado de donde alguna vez estuvo el "Reichspraesidentenpalais", residencia de los presidentes de la era de Weimar. Los bloques de hormigón empiezan bajos y separados, a medida que uno empieza a caminar los bloques se hacen más altos, más angostos,  el espacio se achica y  el sol ya no se filtra por las paredes. Uno se siente acorralado.
El chek point Charlie muestra la gran elocuencia simbólica que siempre poseyó Estados Unidos para instalar su forma casi siempre parecida: grandes carteles y una experiencia consumista. De esa antigua Berlín solo queda el cartel que dice en inglés: “You are leaving the American Sector” firmado por la “US Army”. El check point Charlie, “Charlie” por la tercera letra del alfabeto fonético de la OTAN, fue el punto de paso más conocido de los utilizados durante la Guerra Fría. Y era en ese punto, ubicado en la avenida Friederichstrasse, donde se podía conseguir el visado diurno para cruzar a Berlín Este desde ­Berlín Oeste. El panorama hoy desde ese lugar es una mini instalación del capitalismo: un Starbucks, las marcas más importantes de ropa, un Mc´Donalds, varios locales de souvenirs. El mismo spich visual del que se vale el consumismo para decir: acá estoy, y descontextualizar cualquier ciudad, incluso Berlín. ­­­

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