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jueves, 4 de junio de 2020

Memorias

Foto que saqué hace 10 año de una casa de Adrogué
Uno es de los lugares donde creció
y de todos esos, sobretodo donde vivió
las tardes caminando al centro de Adrogué
siempre por las mismas calles
siempre el mismo paisaje
pisando las hojas que caían de los árboles
y el sol de otoño calentando mi piel
los domingos comiendo los ravioles de la abuela
y las mesas largas como el hilo de un cometa.
que algunos vuelan antes
y dejan en el alma una estela.
Las tardes tirando las cartas sobre la mesa
sin saber que la vida nos tomaría por sorpresa
que las rosas del jardín de adelante
también mueren, no sin esparcir su aroma antes.
Que el galpón con herramientas, que el polvo y el aserrín
que la sonrisa directa
que todo vuelve a la tierra
menos los recuerdos que le robamos al tiempo
que siempre brota una nueva flor
que el abrazo sincero, se queda en el cuerpo.
y no valía tanto la pena jugar a encontrar las diferencias
era mejor si con nuestros nombres hacíamos una sopa de letras
que aun nos quedan las memorias
que son solo nuestras
que aun las paredes no hablan
pero de seguro contestan
y que aunque las aguas estén de por medio
siempre habrá un barco que nos lleve a tierra.


En venta, pero no

Local en Villa Arcadia
A veces el mundo funciona un poco así, ¿no? Como en la foto que saqué un día de vacaciones con mis papás y no pude más que reírme a carcajadas, porque ese cartel es todo lo parajódico que puede existir en una sola frase: La mercadería no se encuentra a la venta.
Pienso que la gran vidriera virtual hoy en día son las redes sociales, el podio sin duda lo ocupa Instagram. En estas "estanterías" todo se expone,  pero en realidad nada de lo que consumimos es tangible.
Antes, el álbum familiar era para los amigos, para los que visitaban nuestra casa y le abríamos la puerta a nuestra intimidad. Casi siempre se filtraba alguna foto de bebé en pocas ropas que desataba risas.
Hoy nos acostumbramos y normalizamos la exposición constante. Aún cuando nuestras cuentas no sean así o sean privadas, es casi inevitable espiar la vida de los famosos y sus casas lujosas, las actrices y sus tutoriales con maquillajes que cuestan un riñón, y la lista podría seguir.
Pero nada de todo eso está a la venta realmente: no podemos comprar la felicidad ajena, el talento ajeno, la casa ajena, no podemos tocar nada de eso.
Y para ser sinceros, a veces ni siquiera podemos comprar una sola cosa de todo lo que vemos en las tiendas online, pero ahí estamos, consumiendo todo lo que no podemos obtener.
Al final del día, cuando sacamos conclusiones de lo que ganamos realmente del tiempo invertido en las redes, podría decirse que a veces es nada, o nada que recordemos en su totalidad.
Porque este mercado fragmenta y acota, y funciona en tanto exista el deseo nunca cumplido: por comprar, por saber lo que hace o tiene el otro y el de ser también mostrables y anhelables.
Lo que se vende es, pura y exclusivamente, deseo.
Y la compra se efectúa cuando coloreamos el corazoncito con el dedo o aprobamos al otro con el pulgar arriba.

No creo que podamos cambiar esta nueva realidad, ni siquiera escapar del todo.
Coexistimos con contenido a nuestra disposición a la distancia de un click. Pero ese contenido a veces simplemente no llena y podríamos tranquilamente prescindir de él.
Seguramente (y es algo que en lo personal trato de hacer, a veces sin mucho resultado) debamos controlar cuánto tiempo pasamos parados frente a esta vidriera, que lamentablemente no tiene ningún cartel de advertencia como el de la foto.
Y preguntarnos: las cuentas que seguimos... ¿nos generan algo bueno o nos generan insatisfacción? ¿nos aportan algo productivo?
Seguramente hay más cuestionamientos para hacerse, pero este sería un buen punto de partida.

Miles Davis: el nacimiento de lo cool

Si existió un músico que supo adaptarse a los cambios, ese, fue Miles Davis.
El documental que sacó Netflix llamado “The Birth of Cool”, narra la historia del gran trompetista.
Un poco antisocial, de gran presencia, abusivo con las drogas por etapas, pero nunca mirando para atrás, siempre resucitando para sorprender una vez más con su metal dorado en la mano.
Kind of Blue (1959) es recordado como el disco de jazz de mayor venta y que lo lanzaría a la fama. "Una especie de tristeza" sería su traducción, presagio, tal vez, para este músico camaleónico que siempre tuvo una lucha con su lado oscuro.
Fue en 1969 que entendió que para seguir siendo actual tenía que adaptarse a la moda musical, y entonces comenzó la fusión: con el rock, con la música india, española, eléctronica. No había límites.
Su hijo Erin cuenta en el documental que Davis no tenía sus discos viejos en su departamento. De hecho, ¡le molestaba escucharlos! Quería concentrarse solo en las cosas en las que estaba trabajando.
Me quedé pensando en el hombre de la sordina de acero Harmon, en su sonido dulce e instrospectivo, en como siempre se rodeaba de jóvenes talentosos para empaparse de lo nuevo.
Si Miles Davis se hubiera aferrado a su gloria de Kind of Blue..¿habría muerto allí la leyenda?
Tal vez no lo habríamos visto en concierto con Prince, usando distorsión, esbozando el patrón para el hip hop y el house a principios de los '70, o como artista invitado de Quincy Jones en el '91, poco antes de que un acv se llevara la mente de uno de los compositores más prolíficos del jazz a sus 65 años.
Si no hubiera estado vacío de lo antiguo, seguramente no habría tenido lugar para la creatividad que lo hizo un ícono de la segunda mitad del siglo XX.

sábado, 24 de enero de 2015

Escribo

Si no escribo muero por dentro,
muere la tinta de mis temores,
y con ella la ilusión que no se cansa
de golpear a la puerta de mi quietud.
Si digo en palabras, me desnudo en papel,
desparramo mi alma sobre la mesa del hoy,
garabateo con mis dedos en el aire
para deslizarme lento y caer sobre mí.
Si abro despacio los ojos, el sol se infiltra
por mis ventanas y enrojece mi piel,
enciendo el fuego de mi conciencia,
me callo con las pupilas,
para sentir la calma de la introspección.
Para sentir lo que siento cuando escribo
y pierdo un poco lo sensato.
Disfruto el vuelo alto del águila de mis pensamientos,
por sobre lo cotidiano, se eleva un cielo claro de nubes grandes,
un oro redondo que salpica destellos de miel
y me vuelve dulce y pequeña.
Entonces todo se vuelve posible en la inmensidad,
de mis alas fuertes.
Si no escribo muero por dentro,
porque es en palabras que entiendo,
puedo ver otro mundo distinto en papel.

lunes, 19 de enero de 2015

VECINOS EN ACCIÓN


Sur Capitalino
Edición Marzo 2014

La clase comienza y el salón de zócalos cuadrillé marrón y beige, del edificio ubicado frente a Parque Lezama, toma la forma de una calle atestada de gente que camina apurada. De repente, es la sala de urgencias de un hospital. Ahora, dos señoras comparten el mate de la tarde. ¿Los personajes? Son vecinos, que de día ofician de docentes, como el caso de Viviana, o psicólogos, como Eduardo, que trabaja en el Hospital Borda.

Pero basta con una propuesta a la imaginación, para que cada uno elija lo que quiere ser. La consigna es clara: “crear vidas ajenas, separarse de uno y dar rienda suelta a esas imágenes que a uno se le presentan”, como explica el director de teatro Héctor Cesana. Es que de eso se trata “Los de Al Lado”, el grupo que coordina desde hace dos años, y que funciona en la Asociación Civil Parque Lezama, en Martín García al 300. Con un elenco estable de seis vecinos de diferentes edades, día a día descubren juntos el arte del drama.
Cesana creó varios grupos de teatro barrial, y de sus 76 años, 70 los vivió dirigiendo y actuando en obras como “Mateo”, de Armando Discépolo y “La Nonna”, de Roberto Cossa. Además, participó en tres obras con el conjunto Catalinas Sur, del barrio de La Boca. Con el idealismo de un visionario, el hombre de mirada profunda sostiene que cada nuevo grupo es una “llamarada” que se enciende, y que “no es solo actor el que está en la avenida corrientes, sino también el que está en el barrio”.

Paralelamente, el bautismo de “Los de Al Lado”, remite a la propuesta de inclusión del taller. “En un mundo individualista hay una deuda con la gente, de darle la posibilidad de escuchar otro tipo de cosas”, resume Eduardo Pardinas, que además de actuar, se encarga de la puesta en escena. Para Francesca, una joven santafecina de 27 años que se mudó a la urbe porteña para estudiar teatro a nivel profesional, el sentimiento es el mismo: “uno siempre busca que todo lo que se transmita genere una toma de conciencia”.

Para la joven actriz, en

el mundo del teatro comunitario todo es más natural, porque “no existe la competencia”. Participar del taller es “divertirme, jugar, y acordarme de esa niña que era, a la que no le importaba nada más que inventar personajes”, cuenta Francesca.

Pero más allá del juego y de la improvisación, Cesana hace hincapié en el profesionalismo y en lo que cada uno puede aportar de sí: “uno acumula experiencias en una mochila que llevamos cada día, y la idea es sacar de esa mochila lo que uno vivió, y trabajar con eso”. Es el caso de Julia López, de 69 años: “Un día vine y ví que lloraban, gritaban, y dije bueno, acá me tengo que poner la bota y gritar yo también”. Algo así como la madre del grupo, Julia cuenta que “en las expresiones del jugar”, en realidad, representa gran parte de su experiencia de vida.

Si bien habían cerrado el 2012 con un radio teatro, y en julio del año pasado realizaron una muestra del taller, el gran salto de los actores de Lezama fue en diciembre, cuando presentaron en la asociación “La Fiaca”, una versión libre de la obra homónima del dramaturgo argentino Ricardo Talesnik. “Preparar la obra nos posicionó desde otro lugar, porque vimos el reflejo de nosotros mismos y nos sorprendimos de lo que pudimos lograr”, dice Viviana con orgullo, tras dos años de animarse a romper sus esquemas.
Por su parte, Miriam, quien además de conformar “Los de Al Lado” recibe a la gente que se acerca a la asociación, recuerda que el día del estreno no la reconocieron. “De repente era una actriz, no era la dirigente, y eso es lo que hemos logrado”, relata Cesana.
Con respecto a las obras, el director aclara que la búsqueda “no es llevar al vecino más drama”, sino representar obras que hablen de lo cotidiano desde otra mirada.

El grupo comenzará su actividad a partir de marzo, con ensayos los días miércoles de 18 a 20, y sin duda, cada vez serán más “Los de Al Lado”. Como resume Miriam: “somos todos vecinos: el público y nosotros, por eso sentimos que todos podemos si nos lo proponemos”.




LA CALESITA SOLIDARIA


Sur Capitalino
Edición Octubre 2014


Si hay algo que abunda en las calles de Barracas son las fábricas, las herramientas, las extensas jornadas laborales y el esfuerzo. Pero si a ese engranaje se le añade el valor agregado de la inclusión social, puede pasar algo similar a lo que ocurrió en la escuela Técnica Nº 10 Fray Luis Beltrán. Sin descanso y con un solo objetivo en común, alumnos y profesores le buscaron la vuelta para no dar tregua al individualismo e idearon una calesita para chicos con movilidad reducida que pronto estará a disposición de la comunidad.

 “Lágrimas y orgullo”, “felicidad”, “ver que nuestro proyecto se hizo realidad”, resumen los chicos de entre 16 y 18 años al imaginar el momento en que el juego de la sortija se encuentre instalado en cada plaza. Ese motor los impulsó a quedarse fuera de clase, a trabajar alrededor de once horas en el prototipo sin notarlo, y como cuenta Facundo Marrero, alumno de 4º año, a “pensar en tercera persona”, a creer que si alguien quiere realizar un proyecto, por más difícil que parezca “puede esforzarse y llevarlo a cabo”.

La calesita innovadora comenzó a girar en sus cabezas un año atrás, cuando los profesores de tecer año de mecánica les propusieron presentar un proyecto para la feria de ciencias bajo la premisa de pensar en el otro. “Empezamos con una lluvia de ideas, pensando en que había alguna que otra calesita para discapacitados en las que los tienen que subir con las sillas y hamacarlos, pero nosotros quisimos que el mismo chico se hamacara”, relata Johanna Cabrera, profesora del taller de mecánica. En ese sentido, su compañero Pedro Susino explica con entusiasmo que el objetivo es que el chico “se sienta bien y no se sienta atado, que esos diez o quince minutos el pibe sea otro”.
El prototipo estuvo a disposición de los vecinos y curiosos durante la Expo Beltrán, el 16 del mes pasado en Vieytes al 900 en las instalaciones de la escuela. Los nueve alumnos involucrados en llevar adelante el proyecto representaron al juego infantil como una plataforma circular a la altura del suelo, que funciona a través de un sistema de palanca para manos y pies. “Los chicos empujan la palanca y la calesita se impulsa y vuelve sola”, explica Johanna señalando la mini calesita que con lleva grandes promesas.

Según un relevo que realizó durante el 2013 el Servicio Nacional de Rehabilitación, solo en la provincia de Buenos Aires hay 17.115 personas menores de 15 años que posee algún tipo de capacidad diferente. El 12 % de ese total, lo representan aquellos con alguna discapacidad motora. En ese sentido, Johanna cuenta que como grupo buscan  “lograr la inclusión social, la motivación, la rehabilitación corporal, y por qué no, mental de los chicos”.

Fue durante la Bienal Biel + Light + Building, que tuvo lugar en La Rural el año pasado, que los integrantes del grupo “Calesa” pudieron mostrar su iniciativa frente al público de la industria a nivel internacional, entre otras exposiciones. Cada paso los llevó más cerca de su objetivo: construir la calesita en escala real.  Así fue como “el Rotary nos propuso hacer la calesita, y el proyecto está pensado para el año que viene”, cuenta Susino.

Tras ganar el quinto puesto en la feria regional Innova a principios del mes pasado, el próximo desafío se les presenta pisando fuerte: del 9 al 14 de noviembre competirán en la 48 Feria Nacional de Ciencias en el predio de Tecnópolis, con la posibilidad de ir más allá y concursar en el exterior a nivel internacional. Si bien las expectativas son enormes, para este grupo de emprendedores la victoria implica algo mucho más profundo: “Nosotros lo único que hacemos es abrir puertas, porque el verdadero ganador es el que va a usar la calesita, dice con énfasis Stefanía Martin, profesora de la parte teórica de la materia de mecánica. Destaca, además, la importancia que tiene el trabajo en conjunto como generador de valores positivos dentro del aula, al pensar que “esto no es ni para vos ni para mí, es para alguien que no tiene lo que vos y yo tenemos, entonces yo te valoro, vos me valorás a mí y yo valoro al otro”.

Quienes hicieron posible este proyecto
 Y ese sentimiento solidario es el que lograron transmitirle a sus alumnos. Al final de las jornadas de trabajo, María, Facundo, Valeria, Brian, Fernando, Sergio, María Eugenia, Román, Marcela, todos alumnos de entre 3º y 4º piensan un momento sobre qué significa ganar para ellos. Sergio dice sin mucha vuelta, “poner la calesita en un parque”. Todos concuerdan. Marcela piensa igual. Ganar es “pasar por una plaza y decir: en ese proyecto estuve yo”. 

martes, 2 de septiembre de 2014

Música para el Alma

Sur Capitalino





viernes 29, agosto de 2014

Un concierto para el corazón

Hace unas semanas, los pequeños pacientes del Hospital Tobar García fueron protagonistas de un enorme momento. Los integrantes de Música para el Alma desplegaron su solidaridad en forma de coro y orquesta. Una muestra del poder transformador de la música en situaciones difíciles. Por Verónica Del Vecchio
Un concierto para el coraz�n
Los pequeños directores mueven sus manos con firmeza al compás de Mozart, dirigen el coro, la orquesta, emulan “O sole Mío” con la pasión de un tenor experimentado y provocan los aplausos espontáneos del público presente. De repente, los pacientes del Hospital Infanto Juvenil Tobar García de Barracas ya no están dentro de las cuatro paredes de una sala; el auditorio se transforma en un teatro en el que ellos no son solo los espectadores, sino los actores más importantes de un concierto de música clásica. Música para el Alma, una iniciativa solidaria de músicos profesionales logró esa verdadera fiesta en la que tanto los pacientes como el personal médico disfrutaron del poder sanador de la música.
Dicen que las utopías no existen, pero que las hay las hay. Tal vez en eso se pueda resumir el objetivo de este proyecto que comenzó hace dos años y que tiene el fin de transformar las experiencias dolorosas en alegría. En palabras de su creador y violoncelista del Teatro Colón, Jorge Bergero, Música para el Alma busca "lograr una profunda conexión a través de la música en instituciones donde hay personas que están pasando por una situación difícil en sus vidas". Se trata de "un proyecto que muestra que músicos profesionales pueden llevar su actividad fuera de los ámbitos convencionales en forma independiente, auto convocada, solidaria y gratuita", cuenta el músico con más de 20 años de trayectoria.
Música para el Alma surgió en 2011 en la Fundación Salud de Buenos Aires, donde la flautista María Eugenia Rubió, por entonces la pareja de Bergero y que padecía una enfermedad terminal, realizó el programa de recuperación para pacientes con enfermedades graves. "Después de unos meses empezamos a hacer conciertos con un grupo de amigos músicos del Colón", cuenta Bergero. "Luego de la partida de Eugenia, al año siguiente, Música para el Alma dio su primer concierto en una institución pública: el Colegio Santa Cecilia para niños ciegos".
Desde ese entonces el proyecto no se detuvo y en sus dos años de vida, dio a a luz a más de 70 conciertos en diferentes instituciones, en nueve provincias del país.
Pero en el Tobar García la interacción constante con los chicos durante el concierto, transformó al evento en una experiencia nueva para los músicos. "En un momento una profesional trató de hacer sentar a un chico que estaba "dirigiendo", y él le respondió: ¿No ves que estoy trabajando?", rememora Bergero.
En esa dirección, Lilia Litvin, cantante hace diez años en el coro de las Américas, cuenta que "los chicos en vez de ser tratados como una molestia fueron integrados, y pasaron a ser directores de orquesta y directores de coro". Participar del concierto significó además "juntarse con gente profesional de las mejores orquestas, que vienen acá para poder acercar el poder transformador que tiene la música a las personas menos privilegiadas", relata el director de la orquesta Federico Sardella.
Para Bergero fue una experiencia "emocionante" porque "jamás vinimos a una institución con niños psiquiátricos, y lo que vivimos hoy no hubiese pasado en otro lado", relata el violoncelista de 50 años.
El Tobar García es el único hospital infanto juvenil para enfermedades psiquiátricas de Buenos Aires, y actualmente atiende a 64 pacientes agudos de entre dos y 18 años. En muchos casos los pacientes sufren patologías duales, en especial por "consumo de paco", explica el director de coordinación Luis Suárez, quien destaca además, que "aunque no lo aparenten, son chicos que están muy graves, y sin embargo participaron del concierto de una manera increíble".
En ese sentido, Lidia Romero que trabaja en el Tobar como musicoterapeuta hace 30 años explica que “la música a ellos los convoca, y desarrollan actitudes que tienen que ver con el espacio, el ritmo, y con la participación corporal”. Romero cuenta que fue una grata sorpresa ver el comportamiento de sus pacientes porque "era un ámbito diferente y estuvieron atentos durante todo el concierto".
El telón está próximo a cerrarse. Suena Vivaldi, después Heandel con su "Aleluya". A auditorio lleno, el público convocado por la música, médicos, pacientes, madres y algunos curiosos, entonan la Oda de la Alegría de Beethoven. Verdi hace brindar a todos con su "Traviata". Después, "Los Toreadores" de Bizet, y finalmente "O sole mio". Los pequeños cantantes entonan a todo pulmón las últimas notas de despedida. Esa mañana de mayo, en el Tobar García, todos fueron músicos.


jueves, 21 de agosto de 2014

Noche

La noche no sabe cuanta calma esconde,
cuantos sueños, cuantos cuentos y despojos.
Cuanto aturde el silencio, entre sus ojos.
Me observa, me invade.
Persisto.
Son los grillos que envuelven una atmósfera sin aire,
no hay descanso entre su manto gris,
a veces celeste, otras veces opaco.
Sin embargo la noche sabe
que en su lecho brillan alto
esas luces que la pican,
que pellizcan su quietud.
Las deja ahí,
son zócalos de su muro,
son parte de su teatro mudo,
revelando entre sus dedos
las historias de tormentas.
Como cicatrices sobreviven,
se ríen, de días nublados, desordenados.
Como trofeos se enmarcan,
remuerden la comodidad,
son huellas, estelas,
libertad.
Constelaciones del alma,
cadencias del sol que se emblanquece,
se disfraza de luna, y apaga su fuego.
Se enciende la noche,
como una mecha insaciable,
da pasos de gigante.
El viento es un velo de seda
que le cubre el rostro,
las nubes una alfombra elástica que la eleva.
No sabe cuánta calma esconde, la noche,
vestida de luto, ignora lo apacible, de sus tempestades.









ABANDONADOS

NOTICIAS

martes 17, junio de 2014

Abandonados

Así se sienten las 71 familias que viven en Colonia Sola. Desde hace 14 años esperan que
el Gobierno porteño cumpla con la ley que ordenó realizar la rehabilitación integral del
complejo construido en Barracas en 1889. El IVC también ningunea un fallo judicial de 2008
 y sólo se acercó a apuntalar estructuras. Ningún funcionario pisa el lugar desde 2010. 
Los vecinos vuelven a levantar su voz.
Por Verónica Del Vecchio

Abandonados

Dicen que si las paredes pudieran hablar, no habría tantos misterios ocultos. Aunque se necesitarían
 muchos años para escuchar las historias que esconden la mampostería caída, los balcones débiles,
las columnas desfasadas y la humedad metiche, que se infiltra y resquebraja la esperanza de las 71
 familias que habitan Colonia Sola, un complejo ferroviario inglés construido hace más de un siglo en Barracas. Hoy, los vecinos esperan que el Gobierno de la Ciudad cumpla con sus promesas y con una ley,
encajonada, que lo obliga a realizar las obras estructurales necesarias para evitar una tragedia.
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INUNDADOS AUNQUE HAYA SOL


NOTICIAS

jueves 22, mayo de 2014

Inundados aunque haya sol

Cloacas. Bombeo. Pluviales. Los vecinos de la calle Vieytes, entre Iriarte y Cruz,
no saben cuál es la causa. Pero conocen muy bien sus consecuencias: intempestivamente
el agua servida sube y los deja anegados por horas.
Ni AySA ni el Gobierno porteño dan respuesta.
Por Verónica Del Vecchio

Inundados aunque haya sol
Cuando el agua baja, sobre la vereda queda de todo: paquetes de yerba, preservativos, basura.
La consternación de los vecinos de Barracas, sin embargo, no puede escurrirse por los desagües que,
con lluvia o pleno sol, no dan a basto para contener ese río marrón de aguas servidas que los deja
anegados por varias horas. Leer toda la nota